Por tu vida, Lopillo, que me borres
las diez y nueve torres del escudo,
porque aunque todas son de viento dudo,
que tengas viento para tantas torres.
Válgame los de Arcadia, no te corres
armar de un pavés noble, un pastor rudo
a tronco de Mi col, Nabal barbudo,
o brazos Leganeses, y Vinorres.
No me dejéis en el castillo almena,
vuelva a su oficio, y al rocín alado,
y en el Teatro sáquele los reznos.
No fabrique más torres en arena,
sino es que la segunda vez casado
nos quisiere hacer torres los torreznos.