Enojo un tiempo fue tu cuello alzado,
a la patria del Euro proceloso:
era tu verde tronco y cuello hojoso,
dosel al ancho Betis, sombra al prado.
Ya que la edad te humilla, derribado,
gimes del tiempo agravios; ya, lloroso,
tu ausencia llora el río caudaloso,
tu falta siente y llora el verde prado.
Envidia al alto cielo fue tu altura:
cual tú me abraza el suelo, derribado,
imagen tuya al fin, ¡oh tronco hermoso!
Tu mal llora del Betis la agua pura;
y quien llore mi mal nunca se ha hallado:
¡qué aun en esto me falta el ser dichoso!