Genil, que ves la sombra en tu corriente,
que amor llenó de glorias y despojos
la lumbre digo de los claros ojos,
que sombra en tanta luz no se consiente;
en beneficio del amigo ausente
revuelve de tus riendas los manojos,
con nuevas de mis lástimas y enojos,
adonde es mi levante y tu poniente;
y al tiempo que el sereno rostro veas
de aquellos ojos verse entre tus ondas,
dirásle: "Ingrato corazón, venciste
Venciste, no me huyas ni te escondas:
alégrate, pues sé que lo deseas;
que muerto es ya el que tanto aborreciste.