Tened piedad de mí que muero ausente,
hermosas ninfas de este blando río,
que bien os lo merece el llanto mío,
con que suelo aumentar vuestra corriente.
Saca la coronada y blanca frente,
Tormes famoso, a ver mi desvarío,
así jamás te mengüe el seco estío
y esta montaña tu cristal aumente.
Mas, ¿qué importa que el llanto mío recibas,
si no vas a morir al Tajo, a donde
mis penas pueda ver la causa de ellas?
Tus ninfas en tus ondas fugitivas
y tu cabeza coronada esconde,
que basta que me escuchen las estrellas.