Dejadme un rato, pensamientos tristes,
que no me he de rendir a vuestra fuerza
si es gran contrario amor, amor me esfuerza
penad y amad, pues que la causa fuistes.
No permitáis, si de mi amor nacistes,
que la costumbre, que a volver me fuerza,
de mi firme propósito me tuerza,
pues en los desengaños me pusistes.
No queráis más que amar, amar es gloria,
no la manchéis con apetitos viles;
vencedme, y venceréis mayor victoria.
Si en Troya no hay traidor, ¿qué importa Aquiles?
¡Mas, ay que es mujer flaca la memoria,
y vosotros cobardes y sutiles!