Mis pasos engañados hasta ahora
por jardines hibleos y pensiles,
por pensamientos y esperanzas viles,
infancia noche, juventud aurora;
razón esclava, voluntad señora,
vistiendo mi virtud como a otro Aquiles,
me han traído caballos y sutiles,
a donde el alma sus engaños llora.
¡Oh pasos ciegos de mi edad perdida,
que en polvo, en humo, en sombra se convierte,
entrada triste y mísera salida!
El primero que di, ¡qué triste suerte!
ése me descontaron de la vida,
y le puso en sus límites la muerte.