Conteniendo el Amor y el Tiempo un día
señor don Luis, sobre su fiero estrago,
la destrucción de Roma y de Cartago,
el viejo en voz cansada repetía:
(Amor con vanas fábulas quería
cifrar en muerte su fingido halago;
y en Troya, cuando fue sangriento lago,
las cenizas de Helena revolvía.)
-Bien sabes- replicó por pasatiempo
al ignorante niño el viejo sabio-,
que con sola una ausencia te enflaquezco-.
Pidió un testigo Amor, trújome el Tiempo;
yo juré que en un hora, habiendo agravio,
no sólo sé olvidar, pero aborrezco.