Por ver si queda en su furor deshecho
Leandro arroja el fuego al mar de Abido,
que el estrecho del mar al encendido
pecho parece mucho más estrecho.
Rompió las sierras de agua largo trecho,
pero el fuego, en sus límites rendido,
del mayor elemento fue vencido
más por la cantidad que por el pecho.
El remedio fue cuerdo, el amor loco,
que como en agua remediar espera
el fuego, que tuviera eterna calma,
bebiose todo el mar, y aún era poco;
que si bebiere menos no pudiera
templar la sed desde la boca al alma.