Sufre la tempestad el que navega,
el enojoso mar y el viento incierto
con la esperanza del alegre puerto,
mientras la vista a sus celajes llega.
En la Libia calor, hielo en Noruega,
de sangre, de armas y sudor cubierto,
sufre el soldado; el labrador despierto
al alba, el campo cava, siembra y riega.
El puerto, el saco, el fruto, en mar, en guerra,
en campo, al marinero y al soldado
y al labrador anima y quita el sueño.
Pero triste de aquel que tanto yerra,
que en mar y en tierra helado y abrasado
sirve sin esperanza ingrato dueño.