Los tigres ablandé, paré los ríos,
templé la mar con mi sonoro canto,
Euménides, Cerbero y Rhadamantho,
entre el rigor de áspides fríos.
¡Mísero yo! que locos desvaríos
de las mujeres Tracias entre tanto
me dieron muerte, convirtiendo en llanto
los dulces ecos de los versos míos.
Así Fausto lloró del claro Orfeo
la muerte con afrentas desiguales,
Poeta ilustre y Músico divino.
Mas olvidose de decir Sabeo,
que como eran mujeres Bacanales,
el vino disculpó su desatino.