Desde esta playa inútil y desierto
a donde me han traído mis antojos,
mirando estoy el mar de mis enojos,
la cierta muerte y el camino incierto.
La tierra opuesta del amigo puerto,
sobre las rotas barcas y despojos
me muestra el cuerpo y los difuntos ojos
del joven Ifis por sus manos muerto.
Veo mi muerte dura y rigurosa,
de quien ningún humano se resiste,
y veo el lazo que mi cuello medra,
y a vos, dura Anaxarte, victoriosa,
de quien me vengue el cielo; mas ¡ay triste!
¿qué castigo os dará, si ya sois piedra?