Con nuevos lazos, como el mismo Apolo,
hallé un cabello a mi Lucinda un día
tan hermosa, que al cielo parecía
en la risa del alba abriendo el polo.
Vino un aire sutil y desatolo
con blando golpe por la frente mía,
y dije a Amor que para qué tejía
mil cuerdas juntas para un arco solo.
Pero él responde: -Fugitivo mío,
que burlaste mis brazos, hoy aguardo
de nuevo echar prisión a tu albedrío-.
Yo triste que por ella muero y ardo,
la red quise romper, ¡qué desvarío!
pues más me enredo mientras más me guardo.