El cuerpo de Faetón Climene mira
orillas del Erídano arrojado,
en cuyo pecho mísero abrasado
aún dura el fuego de quien humo espira.
Y dice así: la tierra humilde mira,
hijo famoso, el pensamiento honrado
con que de las estrellas abrazado,
a gobernar la luz del cielo aspira.
Murmura en fin que en temerario alzaste
vuelo imposible al sol, de quien caíste,
cuyos rayos intrépido miraste.
Dirá que ciego y ambicioso fuiste,
pero no negará que confirmaste,
muerto en el cielo, que del sol naciste.