Salió Faetón y amaneció el Oriente
vertiendo flores, perlas y tesoros;
pasó por alto del mar indio al moro
turbado de su luz resplandeciente.
Las montañas de nubes al poniente
iban subiendo y de la Libra al Toro,
cuando cayó, sembrando el carro de oro
del Eridano claro en la corriente.
Recibiole llorando la ribera,
de su temeridad castigo justo,
que tan alto subir tan bajo para.
Pero mísero de él, ¿dónde cayera,
si con freno de fuerza y no de gusto
la voluntad de una mujer guiara?