Estando ausente de tus ojos bellos,
sus rayos me abrasaron, ¡caso extraño!
Y no fue sueño, ni parezca engaño,
que me abrasaron, aunque lejos de ellos.
Al sol los levantaste, y él con ellos
venció la luz de la mitad del año;
yo quise ver lo que era por mi daño,
y por mirar al sol, vi al sol en ellos.
Fue espejo el sol, el cual reverberando
en mí tus ojos con ardor tan nuevo
pudieron abrasar el alma mía.
Fue infierno el mundo, y fuego el aire blando,
el sol Faetón, yo etíope, tú Febo,
el norte incendio, y el ocaso día.