Engendra al Hijo el Padre sempiterno,
contemplando en sí mismo su hermosura,
una noticia suya, una figura
de su sustancia, un Dios, un Verbo eterno.
Procede de los dos un amor tierno
de agrandarse y de ver su inmensa altura,
un Espíritu Santo, una luz pura,
un Dios, una sustancia, un ser coeterno.
¡O enigma, o mar, o sol resplandeciente,
que tiene al hombre mudo, al Ángel ciego,
cielo, donde la fe sirve de polo!
Un Dios y tres personas finalmente
como el sol, en quien hay cuerpo, luz, fuego,
y es sólo un sol, figura de Dios solo.