Cuando memorias sin azul me dieran,
pudieran ser de glorias y consuelos,
¿pero quién no dirá que son de celos,
si el oro cubren, y en lo azul esperan?
Alegres de oro las memorias fueran,
faltando estos esmaltes de recelos,
que cuando azules vuelvo a ver los cielos,
con ser quien son mi pensamiento alteran.
O celosas memorias, que en miraros
el corazón las fuerzas desanima;
mejor fuera perderos que ganaros.
Hurtado habéis la condición que estima
el resplandor de aquellos ojos claros,
si alegra el oro, y el azul lastima.