Todos los atributos que tenía
Dios soberano, en que hombre Dios se nombre,
parece que cumplieron con su nombre,
y lo que a cada cual se le debía.
Satisfizo a su gran sabiduría
con el saber hacer que Dios fuese hombre,
y a su justicia, cuando más asombre,
que Dios a Dios satisfacer podía.
Al poder con querer satisficiera,
y al amor con amar nuestros provechos,
y a su piedad con ver nuestra desgracia.
¿Pero a su inmensidad cómo pudiera,
si cupo de una virgen en el pecho,
pues no era inmensa, a no lo ser de gracia?