Bramaba el mar, y trasladaba el viento
feroz a las estrellas las arenas,
las negras nubes vomitaban llenas
de nieve fuego en círculo violento.
Mísera nave en desigual tormento,
como cuerpo rompiéndose las venas,
las jarcias derramó de las antenas
sobre el campo del húmedo elemento.
Abriose, y quiso una piadosa tabla
ser mi delfín, y rota y combatida
al fin es hoy la que mi historia cuenta.
O cruel piedad, que mi desdicha entabla,
a un hombre, que no siente darle vida,
para darle la muerte, cuando sienta.