Señor, si fuiste en humano velo
de los hombres, el hombre más hermoso,
más apacible, manso y amoroso,
vida del alma, y de los ojos cielo.
Con justa causa tiemblo y me desvelo
el tribunal pensando temeroso,
donde, si os imagino riguroso,
verme culpado me convierte en hielo.
¿Podrán mis culpas levantar por dicha
a vos mis ojos? No, que mi pecado
me priva en tanto bien de tanta dicha.
¿Cómo podré miraros enojado?
porque no pude haber mayor desdicha,
que ver un rostro tan hermoso airado.