Marcio, yo amé, y arrepentime amando
de ver mal empleado el amor mío;
quise olvidar, y del olvido el río
huyome como a Tántalo en llegando.
Remedios vanos sin cesar probando,
venció mi amor, creció mi desvarío;
dos veces por aquí pasó el estío,
y el sol nunca mis lágrimas secando.
Marcio, ausentéme, y en ausencia un día
miráronme unos ojos y mirelos;
no sé si fue su estrella, o fue la mía.
Azules son, sin duda son dos cielos,
que han hecho lo que un cielo no podía.
Vida me da su luz, su color celos.