Cayó la torre que en el viento hacían
mis altos pensamientos castigados,
que yacen por el suelo derribados
cuando con sus extremos competían.
Por lo menos al Sol llegar querían,
y morir en sus rayos abrasados,
de cuya luz contentos y engañados,
como la ciega mariposa ardían.
O siempre aborrecido desengaño,
amado al procurarte, odioso al verte,
que en lugar de sanar abres la herida.
Pluguiera a Dios duraras dulce engaño,
que si ha de dar un desengaño muerte,
mejor es un engaño que la vida.