En caja tersa, en seno nacarado,
naturaleza que prodigios cría,
junta el rocío que el aurora envía
con el fuego del sol más acendrado.
De esta oposición, pues en sumo grado
como competidores a porfía,
perla engendran con tanta bizarría,
que llegar a dudar si la han formado,
del agua elemental que Dios eleva,
con fuego de su fe, que se introduce
en el alma obediente al albedrío.
Tanto el afecto de su ley me lleva,
que a veces a la duda me conduce
si el amor que me abrasa es hijo mío.