Navega en ondas por camino incierto,
el navegante roto y mal tratado,
después de una tormenta, sale a nado,
y halla entre sus desdichas dulce puerto.
Vuelve otra vez al mar, donde tan cierto
el peligro le tuvo en tal estado,
contento de surcarle y olvidado
de que en las ondas se miró ya muerto.
Esto a mi amor sucede por mi daño.
Direlo, aunque me pese, pues o siento,
ya que no quiero ver el desengaño.
De suerte que aunque es grande mi tormento,
en pasándose vuelvo al mismo engaño,
y aunque más me maltrata no escarmiento.