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1562–1635

- CXXII - A la muerte de Agustín de Carpio

Lope de Vega

Este sepulcro lagrimoso encierra un viejo en seso, aunque mancebo en años, que por desengañar nuestros engaños, el alma a Dios, el cuerpo dio a la tierra.

Su virtud, que del mundo se destierra, ejemplo a propios y dolor a extraños, dejó a sus padres miserables daños; tanto del mundo la esperanza yerra.

Fue su nombre Agustín, su ingenio raro y, como prenda que era ya del cielo, fue milagroso en todo su discurso. Pasó su resplandor como el sol claro,

de las estrellas imitando el vuelo que alumbran más para acabar el curso.

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