Codro, el temor con la piedad venciendo,
el tronco helado de Pompeyo espera,
que, impelido del mar, a la ribera
sacó en los brazos y lloró diciendo:
-No está soberbio túmulo pidiendo
el gran Pompeyo aquí, Fortuna fiera,
ni que en la llama funeral postrera
suba aroma oriental el sol cubriendo.
No pide el hombre a su familia y gente.
Sepultura común y honor plebeyo
sin fuego y triunfo a sus desdichas basta.
Ya basta, dioses, que, del cuerpo ausente,
no cubra las heridas de Pompeyo
el tierno llanto de Cornelia casta.