Humíllense a tu sacro Mausoleo
fuerte David y Salomón prudente,
el rebelde gigante del Oriente
y el idolatra del contrario polo;
y a tu pendón crucígero, que solo
fue del África y Asia rayo ardiente,
cuantos beben la bárbara corriente
de Eúfrates, Nilo, Ganges y Pactolo.
La religión y la justicia lloren,
oh pacífico Numa, oh gran Torcuato,
España, Italia y Francia enternecida.
Y todos juntos nuevamente adoren
encima de tus aras tu retrato,
Tercero entre tu muerte y nuestra vida.