Las injurias que tocan al ser hombre,
Padre mío, sufrí con gran paciencia,
pero no cuando vi con la insolencia
que éste ofendió vuestro divino nombre;
bien es que le destierre y que se asombre
cuando toma de Dios la preeminencia,
que como en todas partes Dios presencia,
no es bien que de ese título se nombre.
Vencido parte y no desengañado,
que hasta que baje a quebrantar sus puertas
no es bien que de su duda cierto quede;
serán entonces las del cielo abiertas
con mis pies, con mis manos y costado,
que mi llave de cruz abrirlas puede.