Ángel divino, que en humano y tierno
velo te goza el mundo, y no consuma
el mar del tiempo, ni su blanca espuma
cubra tu frente en su nevado invierno,
beldad que del artífice superno
imagen pura fuiste en cifra y suma,
sujeto de mi lengua y de mi pluma,
cuya hermosura me ha de hacer eterno;
centro del alma venturosa mía,
en quien el armonía y compostura
del mundo superior contemplo y veo:
Alba, Lucinda, cielo, sol, luz, día,
para siempre al altar de tu hermosura
ofrece su memoria mi deseo.