En la margen del Tajo la divina
ciudad fundan los niños de Toledo;
Eustochio viejo los incita a miedo,
y Thyrso los esfuerza y determina.
Los Reyes desembarcan en Micina;
pinta Joaquín a Alfonso otro Gofredo;
vuelve a correr el mar sereno y ledo
la santa armada, y a Salen camina.
Turba el demonio el mar, Ricardo pide
a la Virgen divina amparo, y ella
al Hijo eterno, que sus ruegos mide.
Lleva la armada a Chipre la Esther bella,
que es vara de Moisés, que le divide,
y en los peligros la mejor estrella.