Corona, ilustre luz, baña y colora
de nueva planta el horizonte ufano;
bajen tus rayos de la cumbre al llano,
que ya te espera en sus alfombras Flora.
Desciende, sol, a tu querida aurora;
encrespa, enriza con dorada mano
la blanca nieve a su cabello cano,
bebe sus perlas y sus nubes dora.
Aliña el carro de oro, date prisa;
tú mismo tu presteza desafía
y por signos y estrellas atraviesa.
Báñame el alma en gozo y alegría,
pues ya la noche de mis males cesa
y de mis bienes amanece el día.