Fábricas de la tierra, polvo, nada;
vano mortal, caduco fundamento;
esperanzas del viento que en el viento
paráis, al fin, en fin de la jornada.
Máquinas de soberbia levantada,
en las alas del loco pensamiento;
razón dormida, ciego entendimiento,
señora voluntad desenfrenada.
Ícaro corazón, Faetonte pecho,
que cara a cara al sol miró la suya,
hoy nuestro laberinto se ha deshecho.
¡Oh, justo Juez!, ¿quién mirará la tuya?
Ya de la muerte llega el paso estrecho.
¡Piedad, Señor, que no hay adonde huya!