¡Amor, Amor, yo quedo de esta vez
desengañado y de tu guerra en paz!
Si fuese el desengaño pertinaz,
mala soga me parta por la nuez.
¿De qué sirve un peón en tu ajedrez
para ganar tus damas incapaz,
ni esperanzas de pollos en agraz,
si por ajos suspira el almirez?
Tasajos como yo, que no perdiz:
ya no gasto herraduras de tu coz,
si piensas que es mi estómago avestruz;
en los pechos estás como lombriz,
áspid en lengua, ruiseñor en voz,
buey en el yugo y ciervo en el testuz.