Amor, de amar me reprehendo y riño;
amé por accidente; excusa tengo;
arrepentido al desengaño vengo,
sus blancas aras de laureles ciño.
Mi pecho quiere ser cándido armiño;
mirando el lodo vil, los pies detengo;
para defensa la razón prevengo;
gigante quiero ser, si tú eres niño.
Suele un cobarde andar con un valiente,
y temerle por eso su enemigo,
que solo, le matara fácilmente.
Amor, cobarde soy, mas yo te digo
que para mi defensa eternamente
pienso llevar a la virtud conmigo.