¡Dichoso el bien nacido, el noble, el grande,
que sin virtud hereda la nobleza,
sin que del mar y tierra la aspereza
ni los peligros de las armas ande.
No hay ley que a su grandeza se desmande,
con ser de muertos padres su grandeza,
y más si le acompaña la riqueza,
porque entonces no hay rey que tanto mande.
Nacimos todos y vivimos todos
hasta la muerte el tiempo permitido;
pero por varios y diversos modos
aquel busca el sustento y el vestido,
y este porque desciende de los godos
es dorado y por señor tenido.
Mas el plazo cumplido
se viene a conocer que el mundo yerra,
pues que juntos los dos se vuelven tierra.