Señor, si yo contase los favores
que he recibido de esa santa mano,
contaría primero grano a grano,
al campo espigas y a los campos flores.
¿Quién os supiera dar debidos loores,
emperador del cielo soberano?
Pero si soy un rústico villano,
¡cómo os sabré decir tiernos amores?
Perdonad la rudeza en que me veo,
por saber algo que os decir suspiro;
no sé leer: leer en vos deseo.
Pero, Señor, si en vuestra cruz os miro
hecho libro de amor, de suerte os leo,
que de entender vuestra piedad me admiro.