Ay fuerte más cruel, Antonio mío,
como tardaste para tanto daño,
mas pues quedó su fuerza en nuestro engaño,
culpar nuestra fortuna es desvarío.
Cuando nació mi hijo, en quien confío
de toda mi desdicha el desengaño,
hubo secreto, y rigor extraño,
trajo consigo de varón el brío.
Cuando nace mi hija, los placeres
del parto mudan en pesar los nombres,
y a fe pone mi honor en pareceres.
Hija, no es mucho que tu padre asombres,
porque desde que nacen las mujeres,
comienza la desdicha de los hombres.