Asperísimas sierras, que en altura
sois Ícaros del Sol, pues a su llama
ambiciosa a la tierra os encarama
para que deis asalto a su hermosura.
Las blancas alas de la nieve pura
derrite, y como plumas las derrama
en este prado, a sus arroyos cama
y en aquella laguna sepultura.
Años he sido vuestra humana fiera;
yo pienso que en mi muerte se declaran
los mismos que intentaron la primera.
Mas aunque cielo y suelo en vos me amparan,
¿qué fuera de los tristes si no hubiera
muerte, en que todas las desdichas paran?