Adiós, Elvira: adiós, esposa y dueña;
adiós, capa de raja nueva y fina;
adiós, espada de quedarse indina,
pero temieron las espadas leña.
Adiós, casa de piedra berroqueña,
donde dejar mi amo determina
mil reales empleados en harina,
con que otro duerme y por ventura sueña.
Adiós, peligro cierto y bien prestado,
que mal trata verdad, por tales modos,
quien con su dueño tiene tan mal trato,
que desde aquí me voy a lo guisado;
que eso, y el paño pardo, dieron todos
que siempre es lo mejor, lo más barato.