Dudoso estado a lamentar me obliga
la mísera fortuna en que me veo;
veo el peligro, y puesto que le creo,
no sé si de el me guarde, o si le siga.
¿Será mejor rendirme a la enemiga
fuerza, y guardar la vida que deseo?
¿O qué muera la gloria que poseo,
donde la fama mis hazañas diga?
¿Rendiré de mi amor la fortaleza
a un hombre que dos vidas pone en calma?
Mas como ofenderé tanta nobleza.
Morir quiero, y ganar eterna palma,
que no hay mayor desdicha, ni bajeza,
que dar el cuerpo, no queriendo el alma.