¿Qué culpa tuve yo, fortuna esquiva,
en no tener la sangre venturosa
de este linaje, para ser dichosa
la esperanza que sólo en serlo estriba?
¿Nací de alguna bárbara cautiva,
que me desprecia Lindaraja hermosa?
¿Ya mi sangre real es afrentosa?
¿Y sólo es bien que el Bencerraje viva?
Pues, ¡vive Dios! que la canalla fiera
ha de morir, si está en su vida el precio
de nuestra libertad, Amor, espera.
Que para ti, si no eres loco o necio,
del breve tiempo y de la muerte afuera,
no hay veneno mortal como el desprecio.