Cándida y no pintada mariposa
Silvia al fuego acercó, sin ver el fuego,
pero, sin ser su centro, él mismo luego
quiso templarse en nieve tan hermosa.
«No es esa, no, tu esfera luminosa»,
dijo el Amor, que entonces era ciego;
«que yo soy rayo y tiemblo cuando llego
a nieve de mi fuego victoriosa.»
Sordo a su aviso, cuanto más ardiente,
el muro de la nieve fue pasando,
puño a una mano de sí misma ausente.
El fuego está riendo, Amor llorando,
crece la llama, y Silvia no la siente;
¡quién fuera lo que estaba imaginando!