Bosque del río de Madrid, no puedo
hallarme en vuestras verdes soledades,
enseñada a decirle mis verdades
al gran Tajo, corona de Toledo.
Olmos, bien sé que en vuestros ramos quedo
presa, en venganza de otras libertades,
que se suelen mudar las voluntades
y de las esperanzas nace el miedo.
Conocedme por hombre, fuentes claras,
que quien ha de sufrir ha de ser hombre,
y tú, que vas huyendo a quien te sigue,
ya que eres mi fortuna, ¿por qué paras?
Mas como soy mujer temes al nombre,
que olvida amada y con desdén persigue.