Tarda Lope, y camina mi deseo,
que es como el tiempo, que callando pasa;
mucho tarda en saber sólo una casa
si no es que de ir al cielo fue rodeo.
En la ribera de la mar me veo
puesto. ¡Qué playa tan desierta y rasa!
El agua temo, y el amor me abrasa.
¿Qué haré sin Norte, qué pasar deseo?
¿En qué tardan, peón, tus pasos viles
para saber la casa de una dama?
Mas, ¿guárdanla caballos, hay alfiles?
¡Qué mal se entabla el juego de quien ama
que en no siendo las tretas muy sutiles
la vida cuesta el mate de la fama!