Un sabio rey de Persia, desde veinte
y menos años, viendo sus engaños,
hizo pintar su vida por sus años
todos los meses a un pincel valiente.
Mando fijar la de cincuenta enfrente
de su jardines y olorosos baños,
y en las historias de estos varios paños
formaba espejos a la edad presente.
Si quería culpar a un mozo nuevo,
mirábase en la edad que lo había sido,
y disculpaba al que picaba el cebo.
Quien ha llegado a edad ponga el sentido
en dejar que quien viene atrás mancebo
pase por el camino que ha venido.