No suele el temeroso navegante,
que la primera vez corrió sediento
de la extranjera plata entrar contento
en el mar peligroso e inconstante.
Prometerse bonanza semejante,
al siempre familiar recibimiento,
y a pocos días reforzado el viento,
temerle hasta los cielos arrogante.
Como el recién venido Cortesano
de la Corte en el piélago profundo,
entra en la nave del servir tirano.
Pues al primer peligro y al segundo
dan la lisonja, y ambición la mano
Scilia y Caribdis del poder del mundo.