Semíramis no diera muerte a Nino,
ni el hijo airado fuera matricida,
ni le quitara Rómulo la vida
al fuerte hermano que pasó el camino.
Si el imitar a Júpiter divino,
que del padre Saturno fue homicida,
ya no fuera disculpa conocida,
a que yo por reinar también me inclino.
El amor de los hijos es tan tierno,
que, por su bien, ninguno considera
si es veneno o antídoto el que toma.
Morir quiero y dejarle en el gobierno,
como esta voz escuche cuando muera:
¡Claudio Nerón, Emperador de Roma!