¡Qué bien se echa de ver, divino Diego,
que en Alcalá estudiaste Teología,
pues tan divina Cátedra se os fía,
desde a donde enseñáis lenguas de fuego!
¿Mas cómo sois tan sabio, si sois lego,
pues dos maestros disputando un día,
de tantos argumentos la porfía
controvertida resolviste luego?
Teólogo saliste admirable
de un libro, cuyas hojas milagrosas
hacen que un alma en todas ciencias hable.
Y entre las que sabéis maravillosas,
mirad si sois Filósofo notable,
pues hacéis entender, que el pan es rosas.