España bella, que de Hispán te llamas,
y del lucero con que nace el día,
el tronco de los godos fenecía
si no quedaran estas pobres ramas;
ves aquí el Fénix de sus muertas llamas,
que nuevas alas de su incendio cría,
para que ocupes con la historia mía
versos y prosas, lengua y plumas, famas:
Yo soy Pelayo, España; yo la piedra
que te he quedado; sola en esta vuelve
a hacer tus torres que no ofenda al rayo,
las que de sangre vestiré de hiedra;
que, puesto que Rodrigo se resuelve,
de sus cenizas nacerá Pelayo.