Al que roba en el monte, y en poblado
la hacienda quita, y el vivir falsea;
al que el mar como pirata pasea;
al blasfemo o sacrílego en sagrado;
al traidor a su rey, al deslenguado,
aunque en las honras más guardadas sea,
al adúltero amante, al que desea
por malos medios el ajeno estado;
a los malos maestros y jueces,
a los que tienen la lealtad perdida
al cruel, al avaro, y al que miente;
a todos suele el cielo muchas veces
reservar el castigo en la otra vida,
y en esta siempre al hijo inobediente.